Cocina tradicional


Flor, de http://chezflor.blogspot.com me ha hecho un comentario. Gracias a éste, me he acordado de que tenía mi blog muy apartado (comenzarlo en verano no fue la mejor idea). Así que me he decidido a hacer dos cosas:

  1. Preparar un plato que llevaba muchísimo tiempo con ganas de hacer
  2. Contaros un poco sobre el plato en cuestión…

Hablo del ajoblanco. Es un plato típico de la cocina andaluza, en concreto de la zona de Granada y Málaga, que se disputan su origen. También es corriente probarlo en Extremadura, Murcia o incluso Ceuta y Melilla. En cualquier caso, parece que podría tener sus raíces en la cocina de Al-Ándalus.

La almendra es el elemento protagonista. Aporta una peculiar textura y un sabor inconfundible. No olvidemos que, al ser el ajoblanco una “variedad” de gazpacho, son imprescindibles el aceite de oliva, la miga de pan o el ajo entre sus ingredientes.

En la versión malagueña, que es personalmente la que más me gusta, el ajoblanco se acompaña de uvas (peladas y sin pepitas, por favor), trocitos de melón o incluso de manzana. Estos complementos consiguen crear un contraste en el sabor que hará de este sencillo plato algo muy emocionante.

Por otra parte, en el ajoblanco granadino se acompaña con una papa asá (patata asada) y con tiras de jamón. No es mi favorita, pero esta modalidad también está deliciosa, así que recomiendo a todo el mundo que la pruebe.

He encontrado una receta de ajoblanco bastante buena y que se aproxima casi totalmente a la que yo hago (en mi caso, echo menos ajo: generalmente un diente menos; y también añado un poquito más de vinagre).

Aquí dejo el enlace: http://www.acocinar.com/ajoblanco.htm

Si alguien lo prueba, espero que lo disfrute… ¡A mí me encanta!

La foto de hoy está tomada desde http://flickr.com/photos/forswans/2760447699/. ¡Si es que hay usuarios en Flickr que son verdaderos maestros! Gracias por las fotos :)

Me hallo de semivacaciones en el Principado de Asturias. Disfruto de temperaturas menos agobiantes de las que hay en el resto del país, de paisajes magníficos y de una comida deliciosa. Así que, después del parón en el blog, comienzo una serie de actualizaciones sobre la cocina tradicional asturiana. La intención es hablar de los platos de toda la vida, buscando opciones que aporten ideas nuevas.

Hoy comienzo hablando de un plato sencillísimo, pero no por ello menos delicioso. Son los escalopines al cabrales. En este caso, no voy a hablar de versiones extrañas. Hablaré de la versión que me enseñaron en casa desde pequeño…

Los filetes de ternera deberían estar tiernos. En cuanto al queso, en mi caso no me gusta hacerlo con queso Cabrales auténtico (el sabor me parece demasiado fuerte). Generalmente, utilizo cualquier variedad de queso Roquefort, disponible en cualquier supermercado. Si alguien quiere probar una salsa con sabor asturiano, invito a probar la salsa con queso de afuega’l pitu.

INGREDIENTES (para 4 personas):

1 bote de nata líquida

1 envase de queso Roquefort (o la variedad que utilicemos)

1 kg de filetes de ternera

Harina

Huevo

Sal

PASOS A SEGUIR:

  1. Salar los filetes y rebozarlos (primero se pasan por la harina y después por el huevo batido).
  2. Freírlos en aceite de oliva y pasar a una fuente.
  3. En un cazo, dejar que el queso se vaya derritiendo. A medida que avance, vamos añadiendo la nata.
  4. Remover y añadir más o menos nata, al gusto. Pasar la salsa a un cuenco grande, para servir al gusto.

El plato está delicioso con unas patatas fritas a fuego lento. También se pueden servir unos pimientos de piquillo. Siempre triunfa.

Este fin de semana me he acercado a Ávila con la familia. Era una de las pocas ciudades castellano-leonesas que me quedaban por visitar (aún tengo que ir a Soria y Palencia). La primera impresión al llegar es sorpresa. Me imaginaba una muralla oscura y sucia (quizás en años anteriores estaba sin rehabilitar), y me encontré con una muralla limpia, robusta e imponente.

Dicho esto, me voy a centrar en lo que importa: los manjares de la comida abulense. De esta tierra son famosos los judiones, los chuletones, la carne de cordero en horno de leña y las yemas de Santa Teresa, entre otras cosas.

Ayer tuve el privilegio de degustare stas delicias, comiendo en un restaurante formidable: Hostería de Bracamonte. Sin ánimo de hacer publicidad, he de decir que este lugar merece una especial atención. Con una decoración rústica, el local podría describirse como un espacio tradicional con aires modernos, sin pecar de sofisticación ni dándose aires de ofrecer tradición. A la mesa, la comida impera por encima del resto de las cosas, lo cual se nota en cada bocado.

La carta es una maravilla. Hay tanto platos tradicionales de la cocina castellano-leonesa (chuletón, chuletillas de cordero…) como otros más sofisticados, aunque también tradicionales en otras cocinas como la francesa (steak tartare, carne de buey a la Borgoña…). El servicio es agradable y eficiente, y aguardan el tiempo justo para servir los platos. Las óptimas materias primas hacen que sentarse a la mesa en este restaurante sea una delicia. Sólo he encontrado un único defecto al almuerzo del cual disfrutamos en Hostería de Bracamonte: el pan no es de muy buena calidad. En cuanto a lo sobresaliente, el cordero asado al horno y un hojaldre de morcilla con pasas, manzana y piñones. Lo dicho, manjares de la cocina abulense…

Así quedó la cuenta de lo que almorzamos:

Hojaldre de Morcilla con pasas, manzana y piñones (para 4) 24 €

Chuletillas de cordero 17 €

Chuletón de Ávila (dos) 39 €

Cordero asado al horno 18,50 €

Helado de frambuesas 6 €

Natillas del Convento 5 €

Tarta de naranja con piñones 6 €

Agua 3 €

Agua con gas 3 €

1 refresco 3,50 €

1 cerveza (caña) 3 €

Pan (para 4) 6,40 €

Cafés e infusiones 7,49 €

Total… 151,82 euros

La porrusalda es un guiso casero de puerros, típico del País Vasco. La palabra “porrusalda”, en euskera, quiere decir “caldo de puerros”. Puede servirse caliente, con tropezones, siendo así un plato delicioso para los días de invierno. También existe una versión más veraniega: una crema de porrusalda tibia o fría.

A continuación, la receta de este delicioso plato.

INGREDIENTES (para 4 personas):

  • 4 puerros
  • 1 cebolla
  • 4 patatas medianas
  • 2 zanahorias
  • 5 cucharadas de aceite de oliva
  • 1 diente de ajo
  • Sal
  • Unas gotas de vino blanco o cava

PASOS A SEGUIR:

  1. Pelar, lavar y trocear en trozos medianos las verduras.
  2. Calentar a fuego medio el aceite de oliva y sofreír los puerros y la cebolla durante unos minutos, hasta que se vaya pochando.
  3. Pelar las patatas y las zanahorias, lavarlas y picarlas en pedazos medianos. Añadir al sofrito y bajar la potencia a fuego lento, hasta que se vaya haciendo. Remover constantemente.
  4. Añadir el diente de ajo pelado y echar un poco de vino blanco o cava.
  5. Remover durante unos minutos y añadir un litro de caldo natural o preparado. Llevar a ebullición.
  6. Bajar el fuego, tapar y dejar hacerse a fuego lento durante 30 minutos, aproximadamente.
  7. Para la versión “de puchero”, servir en plato hondo y llevar a la mesa de inmediato. Para el modelo veraniego, dejar reposar una hora y batirlo todo. Dejar reposar a la temperatura ambiente o meter en la nevera varias horas, al gusto de cada uno.

A SABER:  El bajo contenido en grasa de esta receta hace que sea adecuada para dietas bajas en calorías. La patata que se añade incrementa el contenido en hidratos de carbono de la receta además de mejorar la textura del plato. El puerro tiene un compuesto sulfurado que desempeña un papel antioxidante en el organismo.

¡Buen provecho!